En el umbral del silencio

Un umbral es el paso de entrada, el límite que marca el comienzo de algo. Nos coloca en transición de un encuentro.

El silencio es el requisito para este encuentro profundo, y para eso en nuestro camino de contemplación necesitamos aprender a soltar. ¿Soltar qué? Casi todo, ruidos, agitaciones, emociones, pretensiones, imágenes de Dios, planes, creencias…

Para poder soltar en este sentido profundo hemos de vivir desde una confianza y un abandono. ¿En qué? En la certeza de que somos descendientes del Amor, y de que es ese mismo amor desde donde reconocemos nuestra naturaleza esencial.

Como los niños confían en sus padres, antes de que puedan herirlos. Ese sentimiento de seguridad que da el vínculo y desde donde desarrollamos una confianza básica en la vida.

Pero esta confianza no se puede imponer, sino que nace fruto de la experiencia del Amor en lo profundo de mí ser.

Ese vínculo que requiere de intención y de respuesta a la llamada que se nos hace por la fuerza de ese anhelo que vive en nosotros.

Hemos buscado fórmulas y prácticas complicadas y métodos variados. Pero la contemplación no es seguir una técnica, sino que se trata de una entrega, de abrirnos por completo a la fuerza que nos sostiene.

Hay que aprender a reconocer el engaño de nuestra mente que nos dice que estamos separados, que el mundo es hostil y dañino, que estamos solos….

La experiencia profunda del silencio es Unidad y pertenencia.

Hay que huir de ese yo autosuficiente, podemos apoyarnos en un Misterio más grande.

Esta confianza no elimina las dificultades, pero cambia radicalmente la forma de atravesarlas.

Puedes intentar aflojar el control, descansando en que más allá de nuestra fuerza hay un amor que no abandona.

Nos recuerda que la vida es tránsito, que nada permanece, pero que cada momento tiene su valor y que no lo atravesamos solas. Por eso soltar no es rendirse ni resignarse, sino dejar ir aquello de nosotras que ya no tiene vida, abrir las manos y permitir que la vida misma nos sostenga.

La pedagogía del silencio nos invita a seguir el curso de la respiración para adentrarnos en lo hondo.

Es cierto que la inercia de nuestros pensamientos nos sacará de la atención pero hay que persistir y volver.

Ningún camino que valga la pena se hace sin voluntad y sin intención. Si nuestro anhelo es ese encuentro interior, momento a momento podemos volver a la respiración.