La espiritualidad forma parte de nuestra esencia. No es un dogma ni una creencia concreta, sino la dimensión profunda que nos conecta con el sentido de la vida, con el amor y con aquello que nos trasciende. En la consulta, integro esta dimensión como un camino de acompañamiento hacia la plenitud y la paz interior.
La dimensión espiritual hace referencia a la parte más profunda e integradora de la persona. Aquella que trasciende lo puramente físico, emocional o mental y lo engloba todo.
No está ligada necesariamente a una religión específica, aunque puede expresarse a través de ella.
Más bien expresa la capacidad de vivir y experimentar la vida con sentido, propósito y conexión con algo más grande ( el misterio o lo divino).
Reconocer esta dimensión espiritual en el ámbito de la relación terapéutica significa poder escuchar las creencias y valores de la persona, integrar prácticas significativas (silencio, oración, rituales, lecturas inspiradoras) y acompañar en el proceso de búsqueda.
No trato de imponer o dirigir creencias, sino de crear un espacio seguro donde la persona pueda explorar sus experiencias interiores e inquietudes con respeto y apoyo.
La salud mental y la espiritualidad no son mundos separados sino hilos que tejen la experiencia humana.
En el fondo del ser humano hay un anhelo que no se colma sólo con las necesidades materiales inmediatas, sino que corresponde a otro tipo de necesidades : de plenitud, de sentido de la vida, de conexión y despliegue de nuestros dones, de relación con los otros y de relación con lo Trascendente.
Por eso la espiritualidad es universal, no es sólo para personas que están en torno a una determinada corriente religiosa, sino para todas aquellas que buscan una respuesta a ciertos aspectos que brotan de lo profundo de sí mismos.
Acompañar en este camino para mí es saber a través de mi propio recorrido de las dificultades y de la vulnerabilidad.
Mi enfoque integra herramientas respaldadas por la ciencia (meditación, compasión) con una comprensión profunda del mundo interior.
Crisis o emergencias espirituales
Exploración de valores, propósito y espiritualidad personal
Clarificar las trabas que surgen en este proceso
Realizar un diagnóstico diferencial entre los aspectos sanos y patológicos de esta experiencia
Acompañamiento en el camino de conexión con lo sagrado
En mi práctica clínica y terapéutica, reconozco que cada persona, además de cuerpo, mente y emociones, tiene un núcleo espiritual. Este espacio interior es donde nacen nuestras preguntas más profundas:
La espiritualidad no elimina el dolor, pero puede transformar la forma en que lo vivimos. Nos ayuda a abrirnos a la compasión, al perdón, a la gratitud y a la aceptación.
Estas experiencias se convierten en motores de sanación y de crecimiento.
La espiritualidad nos recuerda que somos seres con un alma que busca plenitud, sentido y amor.
Integrar esta dimensión en el camino terapéutico nos abre a una vida más auténtica y profunda.
Copyright © 2026 Psique y Alma