El sentimiento de culpa es un arquetipo universal desde la perspectiva de Jung ( perteneciente al inconsciente colectivo con variaciones culturales). También podríamos decir que es un fenómeno complejo que puede ser observado desde diferentes puntos de vista.
La culpa existencial sería un sistema de alerta que nos dice si algo va mal. Tiene en este sentido la misión de provocarnos un malestar que permita analizar nuestras conductas y poder aprender de ellas. También podría llamarse culpa consciente, puesto que está en nuestro campo de consciencia de una forma más o menos clara la falta o el error.
Esta situación nos lleva a recorrer un camino:
–Reconocer la falta o el error: Desde la perspectiva de que una acción no descalifica toda una existencia, como un borrón no estropea toda una página.
–Tomar conciencia de los propios límites: Aceptar que somos limitados e imperfectos y perdonarse.
–Reparar lo que sea posible: Toda falta precisa de una reparación directa (petición de perdón) o indirecta (acción compensatoria). Todos hemos sentido en alguna ocasión la necesidad de reparar ante alguna mala acción (una mala contestación…..etc.)
Es necesario desde niños aprender la difícil lección de la reparación. El niño que ha tenido la oportunidad de expresar sus sentimientos, podrá de mayor ser capaz de exteriorizar su malestar y no culpar a terceros del mismo.
La culpa inconsciente.
Nuestro mundo psíquico inconsciente se alimenta de creencias, valores sociales, valores morales y culturales que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestro desarrollo.
· Creencias erróneas que pueden ser aprendidas (a través de una educación represiva en la infancia donde la culpa se utiliza para obligar, someter o controlar). Es importante desactivar esas creencias inconscientes: “Yo soy responsable de la felicidad o la desgracia del otro”, “No soy merecedor de las cosas buenas de la vida”, “Sólo seré feliz si alcanzo mis metas”, “equivocarse es fracasar…” “no hay nada gratis..” , “soy responsable de los conflictos del otro”, “me he de sacrificar para que otros sean felices”
· Valores que nos han sido transmitidos: “El valor del trabajo por encima de todo”, los valores morales: “Algo habrá hecho mal si le han hecho eso”, “El valor del sacrificio”.
Culpa y super-yo:
Para Freud, el super-yo es una instancia de nuestro psiquismo que es el resultado de introyectar las prohibiciones y expectativas de las figuras parentales. Su función es la de ser un crítico moral. Se forma en torno a los 7 años y permanece para toda la vida como un censor interno, o un reservorio de reglas y valores.
Para Melany Klein esta instancia es mucho más precoz en el desarrollo. Los objetos internos se introyectan desde el parto. Klein distingue la culpa reparadora de la persecutoria o defensiva.
De la relación entre la madre (su capacidad de acogimiento emocional del bebé) y las características innatas del niño (miedos y tolerancia a la frustración) puede surgir un sentimiento de culpa y un super-yo muy hostil. Si esta relación primitiva madre continente hijo contenido es insuficiente o insatisfactoria, el niño genera objetos internos muy hostiles, que luego llevarán al adulto a sentir culpa incluso desvinculada de cualquier acto.
La culpa transportada por un super-yo tirano es debilitante para el funcionamiento psíquico de la persona. Hay áreas de su personalidad que están integradas, pero cargan dentro con un juez severo.