La culpa y la sombra
La culpa es un sentimiento corrosivo que genera mucho sufrimiento, para evitarlo utilizamos el mecanismo de la proyección: “El otro es la causa de mi malestar”…
¿Qué proyectamos?
Proyectamos aquellas partes intolerables de nosotros mismos para nuestro yo ideal y que están más o menos reprimidas. Aquello que nos cuesta aceptar, que no encaja en la imagen que tenemos formada de nosotros. Y lo colocamos en el otro: nuestra envidia, nuestro deseo de poder, de control, nuestra cobardía, nuestra ambición, nuestra suficiencia, nuestra agresividad …..El otro hace de espejo que nos refleja. Nos irrita, nos altera…..o también despierta partes de nosotros que están dormidas y admiramos pero no nos atrevemos a actualizar…
Proyectamos juicios y pensamientos o emociones profundas que no nos encajan y la persona se coloca en posición de víctima (“creo que sufro por lo que me hace el otro”)
Este lado reprimido también es nuestro y pretende volver a nuestra conciencia, pero nos es tan doloroso, nos descoloca tanto que intentamos desplazarlo con energía dependiendo de la presión que ejerce en nuestro interior. Cuando la presión es leve funcionan bien las defensas (distracciones, activismo). Cuando la presión es más intensa se “anestesia” con más fuerza y pueden aparecer las adicciones…..
Este lado “oscuro” se manifiesta en forma de sentimientos negativos crónicos, insatisfacción permanente, sentimientos de inferioridad, vacio, celos….
Culpa y castigo
Freud afirmó que los sentimientos de culpa reprimidos conducían a una necesidad de sufrimiento, que él bautizó como masoquismo moral. Esto lleva a la persona a buscar algún tipo de sufrimiento para reducir los sentimientos de culpa.
A veces son sutiles (no dejarnos descansar, no darnos permiso para disfrutar de pequeñas cosas, no aprobar la última signatura de la carrera para no superar a los padres….).
Los niños que “cargan” con un superyó muy crítico serán muy precoces en el desarrollo emocional con avidez por agradar a los adultos y miedo a no ser amados y con baja autoestima, y con propensión a sentirse culpables.
Todo esto genera un alto grado de responsabilidad, con una gran exigencia. Se intenta aliviar la culpa con la autocrítica ilimitada. Están torturados por sus faltas y las de los demás. Hay una insatisfacción permanente en las relaciones. Aparece también un juicio y una crítica fácil hacia los demás proyectando sus propios fallos y errores.
EDUCACIÓN, CULPA Y CULTURA:
Detrás del mecanismo del sentimiento de culpa hay claves que vamos adquiriendo a lo largo del tiempo en nuestro proceso evolutivo. El ser humano va interiorizando la búsqueda del bien y la conciencia del daño que puede producir. (conciencia moral)
También el concepto de culpa ha ido variando a lo largo de la historia.
En ciertas épocas se ha podido utilizar en exceso para un dominio de las conductas ajenas, con mecanismos de amenaza, de miedo al castigo y a la condenación.
Una educación legalista, puritana y demasiado autoritaria, puede producir conductas de autocastigo y en personas con rasgos obsesivos, escrúpulos. También mediante experiencias de humillación, de maltrato y juicios persistentes en el proceso de desarrollo de la persona (situaciones de acoso, abusos sexuales) se puede producir culpabilización.
También un tipo de religiosidad que fomente una espiritualidad contaminada de miedos, que infunda pavor al juicio divino y a ofender a Dios. Y sobre todo que genere una sensación de indignidad y de pequeñez frente a un dios omnipotente.
La culpa social (no pertenecer al clan, el miedo “al que diran”) enraíza con el arquetipo de la expulsión del paraíso. Para el inconsciente es terrible. Es la muerte.
Quizás en estos momentos de la historia se puede estar cayendo en el otro extremo, en una muerte de la culpa por relativismo, o una manera superficial de la educación de las personas, en la que se desechan «valores opresores» vividos en otros momentos, pero no se tienen en cuenta los aspectos positivos para el ser humano de la culpa y la reparación.
TRASCENDER LA CULPA. EL CAMINO DEL PERDÓN
Solo el humilde perdón a uno mismo restaura la paz interior y también ayuda a perdonar al otro.
Este proceso tiene una parte de conocimiento psicológico. Soy yo el que necesita mi propio perdón por creerme perfecto y poderoso, o por dejarme denigrar con mensajes negativos, o por dejar a mi sombra volverse contra mí, por hacerme daño y ser mi peor enemigo….
Es importante:
– Poner luz a nuestras creencias, valores y aspectos educativos introyectados, que no corresponden a quien somos en nuestro ser profundo. (el reflejo de los otros y el malestar en las relaciones nos dan buenas pistas).
– Limitar de una manera cada vez más rápida el bucle de la culpa. No “echando leña al fuego” trayendo historias pasadas, pensamientos denigrantes….
– Acoger las emociones difíciles. Los sentimientos de vulnerabilidad, de miedo, de impotencia. Dejarlos sentir sin juzgar.
– Dejar nacer de dentro una mirada cada vez más amorosa y compasiva sobre la parte herida y el dolor que subyace. Reconocer que necesito perdonarme por no alcanzar el ideal que soñaba, por dejar que me hicieran daño una serie de creencias y mensajes introyectados.
– Ser cada vez más consciente de aquellas partes negadas (mi sombra) y proyectadas en los demás.
– Reconocer al juez interior exigente y descontento que vive en el interior y a una parte vulnerable que en ocasiones se somete y en otras se rebela y dificulta la vida.