Sobre la fragilidad (I)

Todos hemos vivido lo suficiente para haber experimentado unas cuantas heridas. A veces nos tiran, otras cicatrizan y otras siguen abiertas….

Este último tiempo hemos experimentado la fragilidad de manera muy directa. Vivíamos en una sociedad de bienestar social desde la creencia postmoderna de que la ciencia era la nueva religión y nos iba a salvar de todo, incluso de la muerte.

Despertar de ese sueño no ha llevado a ver lo que desde siglos sabemos, que existe una fragilidad ontológica y otra existencial.

Como seres humanos venimos en una fragilidad extrema, y necesitamos de los otros no sólo para sobrevivir sino para llegar a ser quienes somos. Y nos vamos también soltándolo todo en una fragilidad  absoluta.

La fragilidad existencial, es aquella con la que nos encontramos y nos enfrentamos a la vida, a sus dificultades, a sus pruebas…A conocer de primera mano que frente a las grandes cosas de la vida, enfermedad, muerte, amor, perdón…..somos muy pequeños.

La fragilidad es algo diferente a la debilidad. La fragilidad es algo delicado y valioso que requiere cuidado. Pero en estos tiempos parece ser un contravalor. No es un defecto ni una debilidad, se definirá por la manera en la que la persona se posicione frente a ella.

Hay que saber distinguir entre la fragilidad de un objeto que se rompe y se pierde y la fragilidad de una persona. En nosotros puede darse una fragilidad de tipo psicológico, en cuyo caso decir que alguien es frágil significa por ejemplo que no es emocionalmente estable y que le condicionan mucho las situaciones o los acontecimientos.

Pero la fragilidad, si nos situamos en un nivel de lectura de la vida más profundo, puede ser una cualidad positiva. Señala que la persona no es insensible sino vulnerable, que está dispuesta a dejarse modelar por la Vida para vivir y crecer en relación con lo que le toca.

La  cultura occidental de la autosuficiencia narcisista, de la sociedad de consumo que identifica la felicidad con estar saciado, nos reduce a una prisión del deseo que requiere satisfacción inmediata,  pero que nos vuelve a dejar insatisfechos ante la nueva demanda a llenar….Es el lugar donde el éxito o el fracaso de la persona, de su autorrealización se mide en función de criterios de ocupar un lugar determinado, un poder personal, una riqueza alcanzada.…

¿Dónde cabe la fragilidad, la vulnerabilidad? En el lugar de lo no deseado, en el lugar incluso de la enfermedad….un duelo ante la pérdida de alguien ya no se ve como un camino de dolor que hay que acoger y atravesar para llegar a otro lugar más reparador….sino como una enfermedad a tratar….

A nadie nos gusta atravesar los desiertos…y a veces nos resistimos para no sufrir. Nos creamos una ilusión de control, nos aislamos, nos desconectamos de las emociones, entramos en un activismo inusitado…Esto nos lleva a des-cuidarnos y a des-conectarnos de lo más profundo y sagrado de nosotros mismos.

Hablar de fragilidad así podría parecer algo condenado al pesimismo o a la desesperación impotente.

Sin embargo, esta frágil y hermosa condición humana es algo que compartimos todos, es algo que nos hace más humanos, más sencillos…porque implica desnudez y va de la mano de la humildad.

Acompañar nuestra fragilidad de una manera sana nos hace crecer como seres humanos.

Básicamente es un camino, que hay que entenderlo como la posibilidad de una vida más verdadera, no exenta de conflictos.