Soltar el apego

El apego nace de una de las necesidades primarias del ser humano: amar y ser amados que  nos permite desarrollarnos . Según haya sido este sistema de seguridad y afecto viviremos o no un sentimiento de confianza y seguridad básica en la vida y en nuestras relaciones.

Pero cuando este proceso se altera por experiencias tempranas, traumas o carencias emocionales , el apego deja de ser sostén y se convierte en prisión  y se manifiesta como  control, ansiedad de separación, miedo al abandono, necesidad de aprobación, incapacidad para dejar ir etc.

La psicología profunda y las corrientes de espiritualidad reconocen que el sufrimiento surge del apego malentendido.

El apego desde esta mirada, no es amor aunque se disfrace de él. Es el temor a perder lo que nos da seguridad y una forma de resistencia a que la vida cambie de forma.

Se manifiesta de innumerables modos: Desde tener posesiones materiales  deseando siempre más, hasta la preocupación por perder lo que ya tenemos. Desde aferrarnos a opiniones e ideas que nos dan seguridad e identidad a identificarnos con un rol para ser reconocidos o depender de la aprobación ajena.  Desde no dejar ser libres a los que amamos para que no nos dejen solos o para que sigan lo que pensamos que es bueno para ellos.

Nos apegamos incluso a las experiencias placenteras para que no se acaben (solo hay que pensar en el famoso “síndrome” postvacacional), a la comodidad que tan necesaria nos resulta. A un cuerpo joven y fuerte….etc.

Esta lucha constante contra la naturaleza inherente de la existencia que es el cambio,  es lo que nos genera sufrimiento.

Pero ¿qué de nosotros se apega?. Es nuestro personaje, nuestro ego. El yo teme esa corriente donde todo se transforma porque en el fondo lo que más teme es su propia disolución. El apego no deja de ser una estrategia de supervivencia de nuestro pequeño yo.

El camino espiritual es un viaje hacia la libertad interior. Nuestro ser, la dimensión más profunda  no busca poseer, sino ser uno con la Vida.

Cuando comprendemos que todo en la vida está llamado a transformarse, aunque exista dolor en el proceso, hay una grieta por donde entra la luz de la transformación y de la confianza.

Y así soltar el apego no es desentenderse de la vida, sino desnudarse de las falsas seguridades y sostener el vértigo ante el nuevo camino que a veces todavía no se vislumbra del todo, con paciencia y compasión.

Las pérdidas inevitables en todo proceso vital, se cargan de sufrimiento cuando el yo se aferra a lo que no quiere soltar, pero si se viven desde un lugar de confianza y menor resistencia, emerge un sentido profundo y una sabiduría.

Pero el  desapego no se piensa, se experimenta. Hay que hacer un camino de sostener, de acompañar ese vacío, ese nuevo no saber, dejar que el dolor emerja y de acompañarlo con una mirada amorosa.

Hay una metáfora en el busdismo. La de la ola que tiene una forma, pero pertenece al océano. Esa forma es una expresión temporal de la Conciencia universal. Cuando la ola se acerca a la orilla y se ha identificado solo con la espuma tiene miedo y angustia por desaparecer. Si durante la vida ha tenido conflictos importantes y ha buceado en el fondo del océano, descubre que hay paz, descanso a pesar de la marejada y  que no estás solo.

Cuando ese yo herido se silencia, lo que aparece es una conciencia silenciosa y amorosa y una paz que no depende de uno mismo ni del control.

Pero este camino no es sencillo, la mente está programada para analizar y controlar.

Sin embargo el gran salto de madurez espiritual es confiar en vez de controlar. Haber experimentado en algunos momentos de tu vida, que no estabas sola, que una presencia leal te acompañó, y que hay una inteligencia más grande que tú que guía los procesos de la vida y la llamamos Conciencia, Amor, Dios. ¿Somos seres espirituales viviendo una experiencia humana, como decía Theilard de Chardin?

La confianza no cambia los hechos, ni el dolor que a veces aparece, pero cambia la forma en que lo vives.

Y así cuando el miedo vuelve, “recordar”, volver a pasar por el corazón, el tránsito por situaciones difíciles en las que la Vida me sostuvo.

La confianza tampoco es  ausencia de dudas, es seguir caminando el paso posible incluso cuando el suelo no se vislumbra del todo.

El apego puede causar sufrimiento, pero también puede ser un maestro que nos muestra donde está nuestro miedo y donde el corazón todavía no ha aprendido a confiar y soltar.

Amar con desapego es permitir que el otro sea quien es, que la vida siga su camino, y comprender experiencialmente que todo tiene un orden que la mente no siempre alcanza a vislumbrar, y a pesar de ello elegir vivir desde la confianza en esta Realidad última y no desde el miedo.