La palabra que nace del silencio y su poder

Hay palabras que nacen del ego que busca afirmarse y  nos hablan de algo humano.

Muchas veces hablamos de forma automática: para llenar vacíos, para aliviar incomodidades, para defendernos, justificarnos y reaccionar. La palabra sale antes de haber sido escuchada dentro de una misma.

En la vida cotidiana el silencio nos ayuda a medir mejor lo que decimos porque introduce un espacio entre el impulso y  la palabra.

Por eso el silencio interrumpe esa inercia y nos invita  escuchar primero lo que sentimos, lo que realmente queremos comunicar, y lo que el otro necesita recibir.

El silencio no empobrece la palabra sino que la depura.

Una palabra nacida del silencio suele ser: más sencilla, más precisa, menos violenta, menos egocentrada, más clara.

Hay silencios que permiten no reaccionar inmediatamente, no invadir al otro con nuestras interpretaciones, no hablar para nosotros mismos, sino responder desde una presencia más consciente.

El silencio ralentiza, ordena, revela la intención y nos devuelve la responsabilidad sobre lo que decimos.

El silencio mide la palabra y aparece otra forma de hablar más consciente, mas humilde, más compasiva.

Las palabras que , más escasas, sencillas y verdaderas nacen de la experiencia del  Silencio profundo.

No del silencio como ausencia, sino como Presencia viva, de un lugar interior donde  nada necesita demostrarse.

En ese silencio la palabra no se fabrica, se revela. Y pide ser escuchada, encarnada.

No nace del pensamiento que corre, ni de la necesidad de afirmarse, sino de una escucha más profunda y humilde.

De ahí brotan palabras distintas, más sencillas, más verdaderas. Palabras que no empujan, que no necesitan convencer, que no lo llenan todo.

Aparecen cuando el ruido se asienta, cuando dejamos de perseguir respuestas, y nos colocamos a la escucha. Cuando permitimos que algo muy sutil se exprese en el interior.

Tal vez lleguen como una sensación, o como una intuición. Tal vez sean unas palabras sencillas, pequeñas, sin mucha envoltura.

No siempre nos van a dar la explicación que buscamos en ese momento, pero contienen verdad.

Y lo sabemos porque esa palabra no pesa, no invade, no exige. Acompaña.

Tal vez has sentido alguna vez una palabra que surge así. Una palabra que no habías pensado pero que al decirla, la sientes como verdadera.

Suelen sen muy simples: Si, no, aquí, basta, gracias, suelta….

Es bueno dejarla reposar porque es   como una semilla. Dentro de ella está en potencia la Vida que contiene y se irá desvelando.

Seguimos necesitando las palabras, pero quizás hoy podamos ir aprendiendo a permanecer junto al silencio dejar que broten palabras preñadas de sentido y de verdad.