Las cosas más importantes de la vida tienen que ver con la simplicidad, con la sencilla intimidad del amor.
En el silencio se nos invita a vaciarnos de ruidos, de pensamientos, de emociones y convertirnos en un receptáculo dispuesto a llenarse desde la Fuente.
El encuentro con lo sagrado no es desde el intelecto, sino desde la atención y la percepción.
Por eso, ese lugar sagrado no se alcanza por la acción, las obras, el merecimiento o el hacer, sino desde una confianza y una voluntad (determinada determinación que decía santa Teresa) para persistir en el encuentro. Habituarse en irse dejando sosegar.
Para cada persona hay un desvelamiento existencial de esa Fuente última, a veces como una intuición, a veces como luz potente.
Esta “noticia amorosa” como lo llama S.Juan de la Cruz, crece con la práctica, ya que se entrena la percepción y la escucha.
Y aunque parece que somos nosotros los que buscamos esta Fuente, en realidad es la Fuente la que nos llama y la persona la que se dispone a acoger desde una escucha atenta.
Despertar es “caer en la cuenta” de esta noticia amorosa y abrir los ojos y los oídos del corazón.
No es este un camino alejado de lo cotidiano.Ni tampoco es un camino de renuncia, de maltrato, de exigencia sin límites. Es un camino de cuidado amoroso a uno mismo y a la vida desde la misma Vida que nos habita.
Cuanto más unidos estamos a esta Fuente, más transparentamos ese Amor. Y ese es el verdadero camino, volver sobre nuestra vida, y vivirla desde la consciencia de que no realizamos el viaje en solitario, sino que nuestra verdadera esencia nace del agua que brota de esta Fuente y que está disponible siempre que orientamos la atención hacia ella.
Si vives desde esta esencia “tocas y eres tocado por otros” porque no hay camino sin el otro, sin interrelación. La atención amorosa nos invita a recordar que todos estamos interconectados.
Vivir desde la atención al SER hondo de donde mana la Fuente permite que el aroma del amor impregne nuestra vida, y se irradie a nuestro entorno sutilmente.